POLA DE ALLANDE-GRANDAS DE SALIME



52 km, 1300 de desnivel, otra etapa para no desesperarse, las piernas pueden acusar el esfuerzo de los días anteriores pero, a todo habrá que hacerse. 

Track : Etapa Pola de Allande- Grandas de Salime

Esta etapa está considerada una de las más bellas de esta ruta Primitiva, ya que corona el alto del Puerto de montaña a algo más de mil metros de altitud y desde donde se pueden apreciar unas espectaculares vistas del valle del río Nisón y las cercanas montañas de Lugo. Sin embargo esta recompensa no será gratuita ya que tendrás que sufrir pendientes positivas de alrededor del cinco por ciento en muchos casos. Pasarás por La Mesa, y por el embalse de Salime, bañado por las aguas del río Navia. La construcción de este embalse cambió por completo la orografía y fisionomía de la zona, siendo necesario inundar varias zonas habitadas y numerosas iglesias y cementerios. Tras cruzar la presa iniciarás una ruta ascendente, lenta pero constante, para llegar hasta Grandas de Salime, último tramo asturiano de esta ruta jacobea. Una vez llegues a esta localidad, aparte de tomar un merecido descanso, podrás realizar visitas a distintos puntos de interés del lugar, como pueden ser la Ermita de Pedreira, la Colegiata de El Salvador o los túneles romanos de Penafurada.
   


Por decisión unánime, después del día anterior y las penurias que pasamos, decidimos tomarnos esta tercera etapa como transición y hacerla prácticamente toda por carretera.
Parece que al decirlo así, el día iba a ser un paseo, pues nada más lejos de la realidad.
Salimos de Pola de Allande por la carretera que habíamos entrado dirección esta vez puerto del Palo, a la salida del pueblo hay una gasolinera donde aprovechamos para dar un manguerazo a las bicis, algo embarradas del día anterior, un poco de engrase y listos para afrontar la subida de diez
kilómetros que se presentaba como aperitivo de la mañana. Carteles como, "El Mazo" o "El Palo", hacían presagiar que pese a lo fácil del pedaleo, pues el desnivel no es muy pronunciado en todo el puerto, íbamos a necesitar de paciencia y tiempo para llegar hasta arriba.
Poco a poco ascendemos y con ello vamos viendo el serpentear de la carretera que quedamos detrás nuestro, las vistas también acompañan y se hace menos pesado el pedaleo. Poco antes de coronar este puerto de El Palo, divisamos a nuestra derecha todo lo subido en el día anterior y que tanto esfuerzo costó. Por fin llegamos al alto, una mesa y unos bancos de piedra y un cartel explicativo de la zona y sus vistas, son nuestro punto de parada, sentados en dicho lugar, comemos algo mientras observamos un hito de este camino primitivo, el cuál hoy tenemos olvidado.

 Para tomar la bajada se requiere abrigarse un poco, pues a pesar del buen tiempo, a sus casi 1200 metros de altitud hace para una rebequita.
No puede faltar la foto donde testifica que hemos llegado eso confines, y después de varias tomas para mover las redes, emprendemos la larga bajada. Pero antes volvemos a deleitarnos con las maravillosas vistas y un mar de nubes en la otra vertiente, todavía en tierras asturianas.
Montefurado, Lago y un grupo de ciclistas que resultó que eran de Madrid, fue todo lo que nos encontramos antes de llegar a Berducedo, allí tomamos el primer café de la mañana, sentados en una terraza y disfrutando del maravilloso día que amaneció.
Habíamos ascendido unos metros de esta carretera desde Lago hasta Berducedo, y ahora desde aquí era todo bajada para alcanzar el vistoso y sorprendente embalse de Grandas de Salime. La otra opción era retomar el camino, seguir por La Mesa y llegar por la parte sur al embalse.
 Pero nada de esto se planteó y esta etapa que decidimos fuese de transición lo fue de principio a fin.
Haciendo caso omiso nos lanzamos de nuevo al descenso por carretera, donde de nuevo adelantamos a cintura de avispa y sus acompañantes.
La presa se vislumbra desde lo lejos apenas comienza el último tramo de bajada, no se sabe si mirar a la curva siguiente o la estampa que al fondo se divisa. Habían llegado todos a la presa menos yo que en un descuido me paré a hacer unas fotos, cuando retomé la marcha volví a parar advertido por una puerta de rejas y lo que parecía una cueva. Es el mirador de la presa que a una altura considerada se alza sobre la montaña. Desde allí aunque con dificultad por la distancia veo como todos los demás estás sobre el puente del embalse, cuatro gritos de "satanes" y bajo raudo saliendo del escondrijo de este mirador.
Si la vista era buena desde arriba, desde el propio embalse no lo es menos, sus toboganes por donde cae el agua dan vértigo y por su altura intuyo de las dificultades en aquellos tiempos para su construcción. Nos recreamos, unos sentados, otros tumbados al sol, y otros fotografiando el lugar para dejar constancia de haber estado.
Después de unos veinte minutos de nuevo nos ponemos en marcha, sabiendo que queda poco para llegar a Grandas de Salime, el cartel nos anuncia seis kilómetros, pese a todo, somos conscientes que antes debemos de subir el último escollo del día. Una subida que bordea el pantano, no muy empinada, fácil de subir y que poco a poco queda coronada. Ahora sí el letrero comunicando la población nos hace sonreír, y todos contentos atravesamos el pueblo en busca del albergue municipal.
En nuestro discurrir por el lugar en una plaza céntrica vemos un grupo de ciclistas allí apostados, para nuestra sorpresa descubrimos que son los Mallorquines y sin mediar palabra nos dirigimos a saludarles. Ellos iban hasta Fonsagrada, por lo que aún tenían camino por delante. La ocasión requería de unas fotos conjuntas para el testimonio, y un teléfono para comunicarnos, puesto que ya sería de obligada tarea saber como nos había ido a diario.
Nos volvemos a despedir por segundo día consecutivo de encuentro, ellos a proseguir ruta y nosotros a aposentar nuestras bicis y nuestros cuerpos en el albergue.
De allí a reponer fuerzas en el restaurante "A Reigada" lugar donde comimos y cenamos.
La población es pequeña, pero nos dio un aspecto triste y algo desolado, quizás los tiempo de pandemia sean los culpables, pues no es normal que estos sitios en agosto estén tan poco poblados.
Gente vimos a la hora de misa por la tarde y allí mismo en su vuelta, algunos jóvenes en un bar donde tomamos unas cervezas haciendo tiempo para la cena.
A las 22:30 a la cama a esperar un nuevo día. Durante la noche a eso de las doce una sirena interrumpió el sueño de todos durante al menos veinte minutos, menos de uno que hábilmente se había colocado unos tapones en los oídos, para dormir sin ser molestado. La cosa no fue a más y la noche deparó el merecido descanso.
Tercer día completado.


Powered by Wikiloc