GRANDAS DE SALIME-OCADAVO



56 km, 1300 de desnivel

Track de la ruta:  etapa GRANDAS DE SALIME-OCADAVO

En el día de hoy entrarás oficialmente en la comunidad gallega, concretamente en la provincia de Lugo y en el lugar de Acebo. Una vez llegues a A Fonsagrada podrás realizar visitas a distintos puntos de interés del lugar, como los Hórreos de Lamas de Moreira o la Capilla de San José, además del museo etnográfico que posee la localidad. Retomarás el trayecto después de esta parada en A Fonsagrada para iniciar un tramo duro en el que disfrutarás enormemente de las vistas y de caminos donde tan sólo te rodearán extensos pinares y la exuberante vegetación de los bosques gallegos. Una vez llegues al punto final de la etapa, O Cádavo, aparte de tomar un merecido descanso, podrás realizar visitas a lugares como A Fraga da Marronda, un bosque autóctono gallego que se encuentra en perfecto estado de conservación y que abarca una extensión de aproximadamente 611 hectáreas.

Reservado albergue San Mateo
1 habitación de 8 para 6 personas con baño. 12€ persona
Lavadora 3€,  secadora 3€
Llevar saco dan sabanas desechables.
Guarda de bicis, cocina cerrada pero hay sitios para comer y cenar.


Allá donde el día antes comimos y cenamos, hoy con todo ya preparado, las bicis, las maletas, la furgo los bocadillos que la tarde antes hizo Kitos frente al albergue, con todo listo...desayunamos en "A Reigada".
Nuestra retina conserva frescos todos los lugares que día a día se van sucediendo, pero nuestra mente no puede retener tanta información y solo vamos a encarar el cuarto día de seis. Hoy dejaremos atrás la bella y escarpada Asturias para dar paso a Galicia. Veremos que nos depara.

Desayuno completo, tres con leche, un cola-cao, uno solo y un expreso, más las tostadas o croissant a la plancha. Después de esto a pedalear y conducir. 
Hoy la señal está en un lateral de la céntrica  iglesia, bordearla por la izquierda y nada más girar comenzamos a alejarnos del pueblo, como siempre hacia arriba, nunca comenzamos descendiendo.
Nos alejamos por la carretera, un triste burrillo, contempla la escena en el jardín de un chalet, rodeado de inmensas hortensias, que por estas tierras se dan hermosas.
No dejaremos la carretera hasta coronar el puerto del acebo, hoy lo más duro de la jornada. Como el pedaleo era cómodo y el camino llano, Juancar y Jose se van midiendo gemelos, si, he dicho bien, "mira chaval"se decían, intentando eso sí, hacerlo con rigor de desfile militar para que la foto salga al compás. Pero ni con esas, cada uno pedalea a su bola.

El parque eólico que a lo lejos divisamos indica el alto del puerto, queda para eso unos diez kilómetros aproximadamente. Con la altura, el paisaje se extendía y volvía a deleitarnos, amontonando de nuevo información que ya va costando procesar.
Entre risas y fotos, alcanzamos la señal de un kilómetro para coronar, allí apostada a un lado de la carretera está Susy haciéndonos fotos y al otro lado la furgo encajada en un entrante de un camino.
Coronamos este puerto que al final resultó ser de trece kilómetros, y junto donde nos recuerdan el lugar en el que estamos y los 1030 metros de altitud, fotografiamos el momento. Algo de abrigo para el descenso y nos lanzamos a ello, Fonsagrada a quince kilómetros, próxima parada en busca de un pincho de tortilla y un café.

En plena bajada ahora sí, nos indica un gran cartel que somos bienvenidos a la comunidad gallega, y con algo de tristeza despedimos esas maravillosas tierras asturianas. Llegamos casi al final del descenso donde en la pequeña población de El Acebo, retomamos el camino y a partir de ahora seguiremos sus flechas. 
Una aislada casa de fachada blanca es el punto de desvío para nada más bordearla encontrarnos con una dura rampa, y un caminante que había dormido en nuestro albergue, según me contó en el pueblo el día antes, llevaba ocho primitivos hechos. La rampa se hizo pestosa pero nada más remontarla, ante nosotros se divisa un inmenso paisaje que nos indica que el café y el pincho están cerca. Bajamos por una pista prácticamente al lado de la carretera, atravesamos varias casas, donde por la hora están cumpliendo con sus labores diarias.

Después de atravesar varias granjas y pequeñas localidades como Fonfría nos adentramos en un bonito bosque donde los rayos del sol atraviesan sus ramas y nos brindan otro bonito espectáculo, pero siempre subiendo. Una pequeña advertencia para los descensos en estas zonas de casas labriegas, por estos caminos, a modo de canaleta para el agua que baja por ellos y evitando que los destrocen, tienen puesto cada ciertos tramos, unas piedras para tal efecto de lado a lado del camino, su anchura no es lo suficientemente ancha como para librarlo con comodidad, por lo tanto al ser estrecha, o saltas con toda la bici o te paras para pasar despacio, el problema viene cuando el descenso te lanza a una velocidad en la que no te da tiempo a parar. ¡OJO¡ a esto que el leñazo puede ser de órdago. 

Íbamos disfrutando este nuevo terreno ahora gallego, pese a su sube y baja parecía más cómodo de rodar, además íbamos por pistas y caminos anchos de buen piso, Los tres jóvenes casi siempre adelantados y de vez en cuando nos esperaban a Juan Carlos y a mi Solos, en uno de esos tramos de repente vemos al lado del sendero una tienda de campaña y de ella salia una chica joven, sorprendidos por el lugar elegido para dormir paramos a preguntar de donde venía.
Resulta que era de Moldavia, comenzó a andar en Irún y en catorce días había aprendido castellano como para entenderse con nosotros aceptablemente. Solo a la pregunta de Juancar..."que te ha traído a hacer esta burrada?" exclamó...eh¡¡, y cambió de pregunta:..." que porque haces esto?". Ahora si contestó sin titubeo, "cuando camino no pienso, y mi mente se transporta y así soy feliz". Una foto de recuerdo y un adiós nos devuelve a la marcha y a alcanzar a los tres compañeros que ya sospechaban de nuestra parada. A los caminantes, buen camino y con las chicas os paráis, pájaros...nos reprochó Jose, y riendo el momento levantaron del sitio y continuamos ruta. 

Estábamos tan cerca de Fonsagrada que en nada nos vimos en sus calles, el pincho de tortilla no se nos logró, un café y una pasta en el bar que nos indicó un amable transeúnte fue todo lo que metimos al cuerpo. Apenas recorrimos esta localidad que parecía dormida e inquieta, con poca gente y muchos negocios cerrados, sobre todo bares, a pesar de ser un paso obligado de peregrinos. Quizás el año que nos toca obliga a estas cosas. Como fuere, y sin tortilla, dijimos adiós a nuestra porteadora y nos fuimos del pueblo alejándonos por unas de sus iglesias de las afueras.
El próximo destino y ya no muy lejano, 24 km, era nuestro lugar de descanso Ocadavo Baleria. Antes había que pasar por Padrón, la aldea de Montouto donde comenzamos un ascenso hasta lo alto de un collado donde se ubican las ruinas del hospital de Montouto, junto a una pequeña capilla y el dolmen de Pedras Dereitas. parados en lo alto contemplamos el escenario a nuestro alrededor y seguimos maravillandonos. Galicia tampoco defrauda. Conversando con mi mujer en ese fantástico lugar, me anuncia que ya está en el albergue, que está muy bien y que le dice Mari Carmen, la hospitalera, que tenemos que subir la cuesta del sapo, pero nos tocará hacerlo andando pues es de una dureza cruel. Leñe¡...lo cuento y ya no hicimos otra cosa que pensar en el sapo. Quizás como premonición a este tramo, no es broma; un enorme sapo permanecía aplastado en plena carretera, a los pocos kilómetros de empezar la jornada, el cuál vimos todos y todos hicimos comentario de él. 


Pero antes en un lugar escondido, una especie de mesón que estaba cerrado, llamado Paradavella, intentando fotografiar a un perro, que plácidamente descansaba observando a quienes pasaban, di con mis huesos en el suelo, no hubo grandes daños más que rozaduras propias de estar el terreno de piedrecillas traicioneras para las frenadas. Sin más daños que a la cámara de fotos. El perro salió fotografiado sin inmutarse. 
El sapo llegó y allí lo sufrimos, rampón enorme para destrozar riñones, pulmones y costillas, pero a esas alturas ya nada nos detiene y subimos el sapo algunos hasta incluso montados, pero después del batracio había más y otra subida nos aposentaba en el alto de Fontaneira, donde ahora sí, a falta de unos cuatro kilómetros entre parajes de ensueño llegábamos a ese pequeño pueblo llamado O Cadavo.
Como siempre a cargo de la intendencia estaba Susy, ya con el alojamiento preparado en el bonito albergue San Mateo, solo ducharnos y a comer al pueblo en el restaurante moneda.

Resaltar la amabilidad y hospitalidad de la dueña del albergue, Mari Carmen, todo fue poco para hacernos la estancia cómoda, y además de ayudarnos con la colada, guardo aún el recuerdo del plato de chorizo casero que nos sacó para cenar. Gracias a Mari Carmen y gracias a toda la gente que como ella hace que los peregrinos se sienta como en casa. Albergue San Mateo  a tener en cuenta.
La tarde transcurrió tranquila, limpiamos las bicis, descansamos y con todo a punto llegó la cena y la noche y de nuevo a dormir, y a esperar al que será el quinto día. 


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