69km, 1135 de desnivel
Despertarás en el alojamiento de As Seixas. En el día de hoy te encontrarás con los peregrinos procedentes de Francia, enlazando así con la ruta del Camino Francés desde Melide, localidad considerada centro geográfico de Galicia, donde podrás tomar el mejor pulpo a la gallega. Además, después del pulpo tendrás tiempo para realizar visitas a distintos puntos de interés del lugar como las Capillas del Carmen o de San Roque, además de la Iglesia del Sancti Spiritus o a pueblos como Boente o Castañeda, lugares en los que hacer paradas y disfrutar del excelente producto gastronómico de la zona. Finalmente llegarás a Arzúa, donde se pueden realizar visitas a distintos puntos de interés del lugar como el Pazo de Brandesco o los distintos Museos que hay en la localidad, como el de la miel o el Centro de Divulgación del Queso, tan conocido éste último por su gran sabor y Denominación de Origen Arzúa-Ulloa.
Destino final Santiago de Compostela. Llegados a este punto, y a tan solo 40 kilómetros de entrar en la plaza del Obradoiro y contemplar tu destino, las piernas no te parecerán cansadas y la bicicleta parecerá avanzar más rápido de lo normal. Pasarás por O Pedrouzo, donde podrás realizar visitas a rincones de alto contenido histórico y atractivo natural, presentes en señoriales inmuebles ligados a linajes nobiliarios y familias hidalgas. También podrás visitar ejemplos de arquitectura religiosa, como la iglesia de Santa Eulalia de Arca.
Reservado Seminario menor dos días 27 y 28 de agosto, 4
habitaciones individuales y una doble 16€ cada uno por noche.
Guarda de bicis, situado a 10 minutos de la catedral. Y
sitio gratis para aparcar.
Sonó el gallo en el móvil, las siete de la mañana y todos arriba. Hoy era el día que todos perseguíamos, también va a ser el primero de seis que no tenemos desayuno a primera hora, habíamos preguntado a Lucía y como lo de las máquinas no nos convencía, nos dijo que a siete kilómetros teníamos un bar que abría a las ocho y media. Pensando que siete kilómetros por esos parajes llevan un tiempo, nos convenció la idea de pedalear en ayunas y salimos de nuestra particular casa rural, (albergue), dirección bar de desayunos.
El río Merlan, que a las afueras de As Seixas discurre entre una densa arboleda, es testigo que por allí pasamos a falta de sesenta y seis kilómetros para llegar a Santiago.
Y como hoy por ser jueves era día de múltiplos,(7x4=24), a otros catorce kilómetros, pasando antes por un montón de sitios preciosos, se encontraba Arzúa. Ahora si se veía mucha animación en el camino, demasiada gente para ir en bicicleta sin tener que hacer uso del timbre, grupos de jóvenes, familias enteras, gentes solitarias, extraños barbudos, y en una subidita los ciclistas de Madrid, cintura de avispa y sus colegas, arreglando las chicas una de sus bicis.
Y atendiendo de nuevo las flechas amarillas, emprendimos camino con el estómago vacío y la ilusión en todo lo alto.
No se hizo muy largo pero, llegamos al susodicho bar y estaba cerrado, así que hubo que improvisar, como Susy ya estaba allí con la furgo, tiramos de sobras y comimos algo del día anterior. Ahora lo próximo con sitios para desayunar era Melide, ese lugar donde se juntan los peregrinos que vienen del camino francés y que allí se encauzan con el nuestro, o nosotros con el suyo.
Pero su distancia era de otros siete kilómetros, Susy partió y nosotros detrás. El dibujo del recorrido por estos lugares es todo muy parecido, llegas a una pequeña población, casi siempre se accede a ella por su cementerio, ermita o monumento religioso. Algunas se atraviesan por su centro, otras solo tocamos las afueras, donde sueles encontrar granjas de ganado con sus tareas matutinas. El piso suele ser asfaltado mientras discurres por el pueblo, y nada más salir tierra, eso si, en buen estado de conservación. También mucho sube y baja, solo que estos, ya no son de mucho recorrido, si hay rampas pero, de distancias cortas.
A Melide llegamos por su carretera, una avenida que desembocaba en otra que parecía la arteria principal de la ciudad, con semáforo incluido, nos llevó a buscar con prontitud un lugar donde poder tomar un Cola-Cao calentito y algo que meter al estómago.
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Para las características de este sitio y sus dimensiones como urbe, no parecía muy despierta para la hora que era, si había gente pero no se veía alegría. Nos da que pensar que es el año del Covid y esto era previsible. Al final entre unos y otros encontramos sitio y desayunamos, no comimos el famoso pulpo de esta tierra, por el horario que no procedía, y porque tampoco había tiempo, nosotros teníamos puesto nuestro rumbo en el destino final.
Y como hoy por ser jueves era día de múltiplos,(7x4=24), a otros catorce kilómetros, pasando antes por un montón de sitios preciosos, se encontraba Arzúa. Ahora si se veía mucha animación en el camino, demasiada gente para ir en bicicleta sin tener que hacer uso del timbre, grupos de jóvenes, familias enteras, gentes solitarias, extraños barbudos, y en una subidita los ciclistas de Madrid, cintura de avispa y sus colegas, arreglando las chicas una de sus bicis.Íbamos cogiendo a todos los que a la mañana salieron y que estaban llegando a su destino del día, nosotros más raudos por ir en bici a partir de una cierta hora ya encontrábamos menos transeúntes, porque los andarines como mucho caminan treinta kilómetros.
En Arzúa sellamos las credenciales en el albergue Don Quijote, quizás su nombre fuese puesto por las gestas de éste que todos emulamos en cada particular camino. Esto daría para varios días de charla visto lo visto, pero la gente se la ve feliz y además se ejercita, que viene bien para la salud.
Salimos de Arzúa como entramos, porque no tomamos ni café ni nada, solo conocimos al andaluz que corriendo hacía todos los días setenta kilómetros, un fenómeno.
En este punto también confluye la gente que viene del camino del norte y de aquí en adelante aún se notó mucho más la afluencia de personas, una pequeña ventaja es que la carretera transcurre paralela al camino, apenas a unos metros y las bicis van mejor por ella.
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Cada vez quedaba menos, pero las buenas costumbres no deben de perderse y cada vez que el cuerpo pide café, pues se le hace caso, y en ese punto donde solo veinte kilómetros nos separaban de Santiago. O Pedrouzo nos brindaba una nueva parada, el sitio estaba en el itinerario y estando allí, nos sorprendieron con su acto de presencia, nuestros conocidos mallorquines, no dudaron ni un segundo en parar a saludar y allí nos contamos como fueron los días anteriores, muy por encima, porque ellos partieron y nosotros apuramos el café, despedimos de nuevo a Susy ya hasta el monte de Gozo como estaba planeado, y salimos dispuestos a recorrer esos veinte kilómetros que nos faltaban.
Nuestra sabida ventaja de ir sin bultos, hizo que de nuevo en un bosque de eucaliptos, y subiendo una de las últimas cuestas, volvimos a coincidir con los de Mallorca, Guillermo lo estaba pasando muy mal durante todo el camino, su bici se averió a los pocos días de salir de Santander, tuvo que alquilar una, por lo que entiendo su malestar. Subíamos a su paso y charlábamos, Juancar ensalzaba su valentía, "has tenido valor para hacer esto, le has echado coraje". Tu sabes lo que es el sufrimiento y la sangre en la boca.
Yo, hasta que me lesioné, contestó este: estuve compitiendo en triatlón. Tanto a Juancar como a mi se nos quedaron caras de asombro y admiración, habíamos subestimado el esfuerzo que a diario hacia Guillermo, pero más cara de tonto se nos quedó cuando dijo: "he hecho tres ironman y dos maratones" pero ya no estoy para eso. Ahora sí es nuestro ídolo. Un saludo y tres hurras para Guillermo, y un abrazo para todo ese grupo de Mallorquines que en los pocos encuentros que tuvimos supimos de su gran corazón.
Reflejamos el momento con unas fotos y unos videos, todo en ese lugar mágico que llaman las puertas de Santiago, sito un poco antes de bordear la zona del aeropuerto de la ciudad, donde los aviones pasan a escasos metros de nuestras cabezas, y donde ya todo el mundo que hasta allí llega sabe que alcanzará su objetivo.
Lo siguiente entre calles, ese barrio que alberga el tan deseado Monte de Gozo, a él llegamos haciendo la cabra como siempre, en un sprint masivo, donde se impuso Juancar por delante de Jose, con una estrategia de equipo que se decidió unos kilómetros atrás. Todo postureo para mover las redes, como el que volvimos a tener en la estatua que corona este monte, inmortalizamos el momento ya contentos... ¡que digo¡, muy contentos, demasiado eufóricos.
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Bajamos del monte de gozo, y entramos en Santiago, hay que seguir como siempre las flechas y después de unas cuantas calles por la ciudad, entramos en la plaza del Obradoiro, entre emoción, desconcierto, impresionados y con cierta sensibilidad por el momento. Nos saltamos las normas y como convivientes nos abrazamos todos, incluida Susy que ya estaba en la plaza, y nos felicitamos por todo, y digo todo, porque no hay nada que desechar de todos estos días. Apostados frente a la catedral, mirábamos, reíamos, nos hacíamos fotos...es uno de esos momentos de la vida que quieres que nunca acabe.
Satisfecho....complacido...encantado...alegre...gozoso...dichoso...afortunado y sobre todo...feliz.
El camino terminó, y han sido muchas cosas las que han pasado, todas buenas, ni una negativa...pero, esta experiencia hay que vivirla en primera persona y por mucho que se narre no se pueden repetir los momentos, lo que pasa en el camino se queda en el camino.
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